martes, 8 de julio de 2008

Doctor muerte III

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Benvolguda Eulàlia,

Ahir vespre vaig llegir el teu correu. Et vaig escriure un bell missatge en el que t'explicava que aquella mateixa tarda havia vist el meu ros... Et feia una reflexió bastant interessant del que sentia en tenir-lo aprop, i una altra -crec que més interessant, encara- del que sentia en tenir-lo lluny. I en això estava, garlan-te poèticament, quan, de sobte, ve que ell passa tot xino-xano pel meu costat, caminant com sempre: amb el cap clot i perseguint-se les puntes de les sabates, a deixar uns llibres en el carret de retorns que hi ha en la biblioteca. Quina emoció! Ell a dues passes, completament ignorant que tenia al costat algú que no coneixia i que estava descrivint l'espant eròtic de la seva figura a trevés de la xarxa. Algú que ploriquejava per Ell, amb Ell i en Ell, que parlava una amiga del perfum de la covardia (inherent a l'amor) i de la sentor de l'orgull i la por (que res tenen a veure amb aquest). I en això estava, mig emocionada, cofoia com una reina dels negres enmig d'una menja caníval, quan l'antivirus del meu ordinador es va activar i (faltada de momòria com tinc la màquina) no vaig poder fer res més: se'm va aturar el portàtil, se'm va desconnectar la màquina de la xarxa, no se'm va servar el missatge a la carpeta dels borradors i, com a cop de gràcia, el ros va tocar el dos.

D'un pèl no em va venir que no em ferís!

Vaig anar cap el carret a buscar les emprentes dels seus dits en els llibres que havia deixat. Només vaig poder destriar-ne una (la del dit polze, crec). I tot fent una pregona reverència, oculta entre les estanteries, vaig acostar els meus llavis al petit laberint-òval de la seva marca i el vaig besar tendrament. Les darreres mol.lècules humindes que m'havia deixat ,sense ell saber-ho, en la tapa d'aquell llibre van esvaporar-se en la meva boca i em van entrar com un foc roent cap els pulmons i d'allà van còrrer com un conillet poruc, poruc, poruc per les artèries, fins arribar-me al cor.

Quant de petiment! Quina adolescència més llarga i espinosa! Però, al mateix temps, quina font de sentiments i bellesa d'inspiracions que ens acompanyen en el patir!

Parlant de patir... Dilluns vam anar al metge amb el papà. Tot plegat és una trista història. No en vull parlar ara per ara.
Cuida't molt i fins aviat.

jueves, 29 de mayo de 2008

Otro final es posible

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L'INVENT


El francès Camile Soutien, sastre i biòleg aficionat, es trobava una tarda a casa seva fent experiments amb pugons de Pernambuco. A la lent del microscopi va observar la tècnica d’aquests animalons per “munyir” les formigues. Heus ací el que anotà al seu diari, el 18 d’agost de 1786 <<... El pugó mascle, de panxa enlaire, amb un ull obert i l’altre clos, espera al terra, fent-se el mort, el pas d’una formiga pituda. Quan aquesta es situa a sobre, l’animaló fa un bot, arrapant-se amb força al seu ventre, i infla les dues galtes extraordinàriament, introduint-hi una mamella a cada una. Tot seguit estira les seves orelles elàstiques fins a unir-les en un llaç, al llom de la formiga. Amb aquest gest elimina amb eficàcia el risc de moviment pendular de la teta, que originaria una pèrdua substancial de llet...>>Dies després, la tècnica del pugó inspiraria al bon sastre a l’hora de crear una peça de llenceria femenina del tot indispensable avui dia: El sostenidor.


DIAGNÓSTICO
El Doctor House permanece de pie, chupando un caramelo, frente a la cama de hospital donde reposa el cuerpo del Conde Drácula. Suena una musiquilla de fondo. House se saca el caramelo de la boca con el pulgar y el corazón de su mano izquierda. Mira inquisitivamente entorno al corro de doctores: -¿Y bien?
Los adjuntos segundones entornan sus ojillos, se llevan la mano a la barbilla y revisan el historial del paciente. Enseguida diagnostican:

- Puede ser mononucleosis postbiliar- dice un médico negrito de quien nadie recuerda el nombre.
- Sí, y los broncoespasmos le vienen de los Montecristo que se fuma -aspeta House, apoyándose con aplomo en su bastón.

- Entonces, enfermedad de Clovis-cul-jopkings- resuelve una jovencísima doctora.

- Eso explicaría la fotofobia pero no la ansiedad canina -contesta el negrito, que viene de presentar -por decimoquinta vez este mes- la renuncia de su puesto a la directora del hospital.
House lo mira por encima, hace una mueca con la nariz y se lleva de vuelta el caramelo a su boca mientras se limpia los dedos en la sábana del paciente.

- Hacedle una biopsia de la médula espinal y administrarle 100 mll de Eucatonotinol por via parental.

- Pero House- protesta la directora del hospital mientras le entrega el finiquito al doctor negro-, podría morir. Todavía no sabemos si es una infección o si es algo genético.

- Mira, bonita- le aspeta el cojo doctor -, si es una infección se curará y si no lo es...Bueno, pues si no lo es no pasa nada, porque a este hombre le han pegado ya nueve tiros y le han clavado una palanca en el estómago repetidas veces sin que se inmute. No te preocupes, aguantará.

Mientras decía esto, House pensaba: "¡Jo, qué pechos!"Después de veinte minutos de tratamiento, el Conde Drácula abre los ojos y se incorpora con un salto de su lecho con una sonrisa agradabilísima y con unas ganas tremendas de salir a la calle a hacer futting y darle besitos en la frente a todas las abuelas que encuentre.

Todos los doctores están maravillados. Se miran unos a otros como quien mira un cachorro de perro salchicha que bosteza y dicen a coro: "El doctor House tenía razón".

Después de casi quinientos años alimentándose fatal, llevando una vida sedentaria y con el sueño algo cambiado, el Conde Drácula vió de nuevo la luz del sol mientras se comía una zanahoria. Desde que le dieron el alta se pasaba cada día más de catorce horas en bañador, estirado en la azotea de su casa como una lasca de bacon. Murió poco después, en Las Vegas, de un cáncer de piel. Pero fue feliz; se casó, tuvo dos hijos -una niña y un niño- y se hizo Testigo de Jehová.


CON EL FRESQUITO QUE HACE AQUÍ FUERA

Al salir a la terraza y ver la rugiente turba, Poncio se estremeció. Apoyó sus manos en la balaustrada, miró al reo y le mandó que se acercase al pie de las escaleras.

-Que te vea bien el pueblo.

Entonces, el procurador de la Judea, que hacía esfuerzos por elevar su voz por encima del griterió de la gente que se agolpaba en la plaza, les gritó en rústico arameo:

- ¿A quién queréis que dé la libertad?


El pueblo, después de dudar un segundo, gritó:

- A Jesús, suelta a Jesús de Nazaret y crucifica a Barrabás".

Y así lo mandó hacer Pilatos mientras se echaba por los hombros una piel de cabritillo.



lunes, 26 de mayo de 2008

Agesandros

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¡Por Hércules, qué perfectísimos habían sido los brazos de la muchacha! La piel que los recubría parecía posarse sobre los músculos, apenas insinuados, bajo una capa de aterciopelada lividez; las venas, que surcaban angulosas sus antebrazos al igual que lentos y delicados ríos de leche, tenían el nacimiento en lo dramático de las muñecas, duras pero flexibles, capaces sólo de soportar la justa y calculada fuerza de la carne, torneada dos veces, brillante y diáfana como cabezas de alfil.

No, no es posible describir con adjetivos, ni con nombres, ni siquiera Aristóteles podría hallar el verbo que recordara vagamente la aúrea fuerza que emanaban aquellas extremidades superiores.

Una vez puesto en conocimiento del Gobierno de Atenas, este resolvió que se retuviese a la muchacha y se consultase al Oráculo para saber qué pretendían los dioses con aquel regalo. "Que Agesandros de Melos copie la belleza viva en mármol de Paros; después, un extrangero la amputará del modelo vivo y presentará ofrenda de su carne en el altar de Venus".
Mandamos llamar a un eminentísimo físico egípcio que habitaba en el país de los caldeos. Llegó una noche, a bordo de una extraña nave con las velas negras. Le administró el eléboro y operó a la muchacha sin sufrimiento. Han pasado trenta años de aquello.
Ahora, ni el feroz viento de los siglos podrá arrancar jamás la imagen de la Belleza que yo fijé en los brazos de mi Venus. Dentro de mil años seguirán vivos para las generaciones y su contemplación .

viernes, 16 de mayo de 2008

Miradas

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Un día subes al metro. No hay mucha gente porque la parada donde lo tomas es una de las últimas, o de las primeras, según se vaya o venga a la ciudad. Te sientas. No has querido meter en el bolso el libro que te estás leyendo porque vas a una entrevista de trabajo. Es muy grueso y tampoco te interesa tanto. Te ha costado mucho levantarte esta mañana para cruzar la ciudad bajo tierra y asistir a la entrevista.

Elegir la ropa que ponerte tampoco ha sido nada placentero, ya hace mucho que la única emoción que sientes al tener que tomar una decisión, por pequeña que esta sea, es hastío y desgana. La ropa de tu armario es la misma desde hace ya varios años. Entre las prendas que te sueles poner hay algunas que esperan su turno desde tu último cumpleaños, o Navidad. Pero jamás te las pondrás. Parecen animales muertos colgados de sus ganchos.
Lo peor de todo son los zapatos, todos están desgastados o deformados por el uso. Tus pies tampoco parecerán nuevos, claro, pero no se ven desde fuera. Pasas de largo, no antes sin pensar que los tendrás que limpiar, quizá podrías cambiarles los cordones... demasiado esfuerzo. Vas directa a la ducha. Antes, hace ya no sabes cuánto, una ducha era eso: "pim-pam" y siempre salía alguien nuevo de ese proceso. Ahora, ir al baño es como tener que planificar la conquista del África oriental. Las uñas crecen más rápido de lo habitual, el pelo está envejecido, al igual que la piel de tu cara, marchita y gomosa como los asientos de un sofá de una familia numerosa. Ya no sonries al espejo porque te ves la dentadura. Casi no recuerdas cuando tu esmalte era blanco, liso, de confianza. Hoy,lo que no está movido está podrido y cada vez que te metes el cepillo en la boca tienes la mala premonición de que va a quebrarse algo hasta convertirse en arenilla.

El tren ya ha dejado atrás la mitad de las estaciones de la linea. El vagón se ha llenado casi sin darte cuenta. Entra una pareja joven, un poco menos que tú. La mujer lleva una bebé en un carrito mientras su marido carga con dos bolsas de plástico del supermercado. No puedes evitar mirarles. Parecen felices, han hecho alguna cosa con sus vidas; la han dado a otro, a su hijo. Incluso el amor es posible. Pero para ti casi nunca lo fue, o al menos casi nunca duró lo suficiente como para afirmar que fue amor. Sin embargo, el deseo no ha muerto. Y eso es lo que más daño te hace. Antes siempre había alguien que te decía que eras observada. No sentías la necesidad de buscar la mirada de nadie, quizá porque el miedo a encontrarla anulaba esa necesidad. Pero hace mucho que no te tocan ni te besan. Decías que eso, el amor, era lo último, lo de menos. Había otras cosas en las que pensar y para el amor siempre habría tiempo.

Al fondo del vagón ves un muchacho. Es guapo, tu tipo. Lo miras. Incluso lo miras cuando las miradas se cruzan una vez en la diminuta geografía del vagón. Pero ese momento fue tan sólo un segundo y ahora ya no te mira. Tu lo sigues mirando y él... Cerca de ese chico hay una muchacha. Tiene el pelo bonito, pero viste con muy poco gusto. Se atreve a llevar esas prendas tan ajustadas a pesar de que está algo rellenita. No es que tenga mal tipo, no. Se le adivinan unos pechos duros, tiene las caderas anchas y piel fina y los labios gruesos. Tú, diez años atrás, más o menos la edad que tiene ahora esa chica, eras mucho más atractiva que ella. Todavía lo eres, te lo dicen.

Vuelves a mirar al muchacho y te das cuenta de que él la mira a ella. Es una mirada de deseo, de una lujuria robada que te perteneció a ti hace diez años. ¿Cómo no se da ella cuenta? No le quita los ojos de encima, la manosea con la vista, incluso tiene la boca entreabierta, como si se la estuviese comiendo, así, poco a poco, chupando cada tuétano de sus huesos. Nadie parece darse cuenta, nadie excepto tú. ¡Mira!, se ha tocado los genitales, el muchacho, lo has visto, crees, bueno...no estás segura. En todo ese vapor de fuego también brilla algo que no es del todo animal.
El metro se detiene en una estación y la chica se baja. De nuevo queda el muchacho sólo al fondo del tren y de nuevo le miras. Realmente es guapísimo. Le dibujas con los ojos la forma de su cráneo, el color de su pelo; buscas la dureza de su pecho, el firme de su cintura, adivinas su espalda, sus tobillos, su sexo. Te dijeron una vez, o lo leíste, que si alguien mira la nuca de una persona insistentemente, esta acaba por darse la vuelta y buscar los ojos que le observan. ¿Será lo mismo con la frente? El muchacho tiene la cabeza baja, ha quedado absorto, mirándose la punta de sus zapatillas. Y tu miras, y miras, y entrecierras los ojos intentando proyectarte en él: "Hé, hola, soy yo. Qué guapo eres, me gustas, me gustas..." Y te quedas así, un par de segundos. Pero el muchacho no te mira, ni siquiera cuando, lanzando un salivazo en el suelo, baja del vagón en la siguiente parada.



miércoles, 14 de mayo de 2008

A bad end - Plumas de marabú

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I've been thinking, oh yeah, as usual: thinking, thinking again and again. And the only answer I’ve got from-all-that-thinking is a merely conclusion, an sparkling light in the dark.

My Lord:
I pray for someone who can drive me, my Lord.
Not driving me home, no, I need someone who saves me from this hell, this ordinary and private horror; someone able to be aware of my writings, teach me the way to write over my thoughts, plus ultra my thoughts, because they are becoming ideas in my head, perhaps voices of voices.

Atrezzo: And, as I pray, lots of true tears, almost honey tears, bloom from my red eyes down to my temples. I feel scary, later on I laugh, and then my nose gets blocked, and my hands, made a mass of comprised flesh, are almost a rock, a solid and white rock.

A voice: No master is going to appears in front of you and say: "Hey, I wil. Me: But I deserve it
A voice: “If everyone got all what they deserve, humanity would die from starving. Me: He’s right. I feel worse, even worse. Are you God? A voice: Silence. Me: Shall I ask you for a prove? A voice: Certainly....you are already MAD.


PLUMAS DE MARABÚ

Andaba yo esa noche revuelta, envuelta y disuelta en el edredón de mi cama ,sin saber por qué. Y juro que no era una de esas noches en las que el imsomnio me devoraba las oraciones llevándome a recorrer mi cama cien mil veces, en el sentido de las agujas del reloj; es más, había llegado a experimentar durante unos segundos ese momento que parece eterno, en que el cerebro se pone el pijama y se acurruca calentito, calentito en la pluma de sus sueños.
El caso fue que ese instante pasó, dando lugar a una necesidad física. No me refiero a orinar ( en este punto fui escrupulosamente instruída en mis años infantiles para hacerlo siempre antes de irme a dormir ); me refiero a esa otra necesidad física que en ocasiones tenemos las damas y que no es más que la de pasearse por casa, calzada con unos discretísimos tacones de aguja de 12 cm.
Al principio llevaba la bata puesta pero, a pesar de que la bata de invierno es una prenda que abriga mucho y que acompaña otro tanto en las expediciones nocturnas a la cocina, en busca de un vaso de agua; a pesar, digo, de los indiscutibles momentos de confort que proporciona una buena bata recia; regalo de algún cumpleaños indefinido, estampada a cuadros y pelotas chatas, mezcla de merino y algodón; no pude evitar reconocer que ya no andaba en consonancia con mi simpático calzado. Y como a mí me gusta ir siempre arreglada del todo, decidí quitármela. Entonces sentí frío y fue porque, a parte de la bata y de los tacones, no me cubría el cuerpo más prenda que un anillo enorme de oro, con un rubí tallado de las dimensiones de un garbanzo cocido, regalo de un magistrado retirado. Y es que las joyas visten mucho, pero no abrigan otro tanto.Suspiré un momento y entonces hice lo más natural: saqué del cajón de los calcetines un par de medias rosa "panti", bordadas sobre red, con unas manzanitas de seda blanca en las que, alternamente y sin dar sensación de patrón, aparecen unos conejitos o cabras pigmeas que juegan al mus. Me las enfundé enseguida, claro, y sentí como el calor envolvía mis piernas en una sinfonía casi pornográfica de carne, de frutas y de cabras ludópatas. Cubrir el pecho fue algo más dificil, pues el marabú de plumas de flamenco añil ,que suelo acompañar con las medias en esas ocasiones, lo tenía en la tintorería. Di un rápido repaso al vasto y poblado universo de mi armario y me decidí a llevar un maravilloso abrigo de lana negra. ¡Qué pieza! Tenía un fabuloso corte, de tacto tan sedoso como el puvis de un adolescente, brillante y sin botones; hecho a medida en 1913 para la mujer de un boticario de pueblo, a la cual tuve la suerte de conocer en una visita benéfica a un asilo de ancianos. Cierto es que prometí a la vieja, una entrañable abuelita ciega, que si me compraba dos números del viaje de fin de curso y me prestaba el abrigo esa noche, volvería a visitarla a la mañana siguiente; pero algunos asuntillos me retuvieron un pàr de años y cuando regresé al asilo, el lugar de su cama lo ocupaba una máquina de cafés y chocolates, automática y estupenda, en torno a la cual se arremolinaban las monjas celadoras, para sentirse, creo yo, más genuínas y más ellas : como embargadas por los aromas del torrefacto que recuerdan tanto a la Colombia y al África de las misiones.


martes, 13 de mayo de 2008

La culpa és del mestre (extracte d'una carta)

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... I vostè creu que la meva és una generació de somni?


Jo, senyoreta, sóc un dels mal anomenats primers fills de la Democràcia, un que va iniciar els pàrvuls amb la Constitució espanyola. En mi, en la meva formació, en la meva ànima, si vol, i en el meu pensament es van posar en pràctica totes les primeres idees o somnis de canvi que vostès, els mestres dels anys setantes i vuitantes del passat segle, van creure més encertats. I dic “van creure” amb el més pregon dels respectes perquè en els nostres dies, l’ús d’aquest verb sovint no va associat al menester de l’ensenyança. Els homes i dones de la meva generació som allò que més s’assembla a la NASA en qüestió d’experiments. Vam ser els primers que vam rebre l’ensenyança en català, els nens d’avantgarde, formats mental i moralment amb un poti poti de realitats lingüístiques. En el meu cas, d’una banda, i sempre a l’escola, la veu melodiosa d’en Xesco Boix que cantava allò de “Quan jo tenia pocs anys / el pare em duia a la barca...” —Mai podré estar prou agraït a la meva senyoreta Elvira per haver-nos posat “una placa” a classe amb les cançons d’aquell cantautor, que s’acabaria suïcidant pocs dies abans d’atendre el seu compromís amb la nostra escola—. I per l’altra, de banda, la veu de Perlita de Huelva, cantant allò de “Precaución, amigo conductor / la senda es peligrosa”, sortint del transistor de la meva mare. I és que jo, a més de la pega de ser fill de totes les nobles situacions històriques esmentades abans, també ho sóc dels meus pares, que són extremenys, i que vingueren a Catalunya el 1962, impel·lits per l’afany de prosperar i que van tenir la sort de veure realitzades les seves aspiracions ,en vida, el dia en que vam tenir a casa un aparell de televisió propi. I ho dic molt seriosament, perquè avui tenim de tot i, potser per això, no som capaços de materialitzar els nostres somnis.
Doncs bé, tot aquell “progressisme intel·lectual” al qual vostè es refereix, i que es dividia entre els partidaris de Giner i dels europeistes, poc ha pogut fer davant de la gran crisi de la docència que pateix aquest país. I no sóc cap derrotista ni tinc cap bony abúlic a l’ànima quan ho dic, només cal obrir una mica els ulls. I jo els obro, i com!, en escoltar les criatures quan es barallen, el que diuen, o en no escoltant-les, que es pitjor, quan romanen parades davant la televisió: aquell somni tan perillós que van veure fet carn els meus pares. De sempre les criatures han estat naturaleses cruels però els que pugen ara, a més, ho volen ser d’ignorants i de criminals. Què, no? Hi ha honroses excepcions, és clar, però els mestres poc poden fer davant la malaltia social que patim i que no goso de posar nom perquè cadascú n’hi posa un, i tots els noms titllen de “istes” els que li posen, d’una manera o una altra.
Arribats aquest punt, crec que és millor un món sense educació que un món amb una pèssima educació, com anem endegant, això sí, amb tots els drets que, sens dubte i sense possible discrepància, mereixem.

I amb tota aquesta parracalauraca vull dir que res és culpa de ningú i, per tant, malgrat totes les bones actuacions que es van fer durant els anys de la meva escola, malgrat les diverses posicions que poguessin adoptar aquells que van recollir el testimoni de la dictadura i el van truncar en democràcia, avui dia jo formo part de la generació més insulsa i endeutada en el benestar superficial, del qual fa propaganda, quasi bèl·lica, la televisió i els medis de comunicació, en general. Una generació de mentida podrida, un fals somni. Cervells que només entenen el món si el veuen del color del plasma, d’altra banda, el més bell i noble dels somnis que podia tenir una parella de noucasats els anys 60.


Tot plegat, una ironia.

martes, 6 de mayo de 2008

La eterna presencia

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Ahora, después de la preocupación y antes de la ocupación,
veo que no depende todo de mi, de mi eterna presencia,
esa con la que vivo negras las horas del día: observándome, preguntándome.

Y Lucas dirá de ÉL que dijo:
"Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios


Nos creemos, te creo y me crees que somos
(tu también)
el centro del universo.
Y la gravedad en torno a ti, de mi, que yira-yira, entrándote (nos) por las fosas nasales.
Y un remolino bum-bum, sórdido que sale de tu pecho, de mi pecho, y que es como la caja de un juguete que jamás quisiste, que hace tiempo que se disolvió en la boca del cubo de la basura, y del que sólo queda en el cartón, melancólica y brillante, la sonrisa de una niña de los años setenta.

"First I was affraid, I was petrified..."
La oyes en la oscuridad de una habitación en donde sólo yaces tú, o yo, pegado a una lágrima que se desliza fría, paralela a tu nariz.
Dejas de creer y te olvidas: te desa.cti.va.s.

Pero un día, quien-carajo-sabe-por-qué, te topas con tu estrella , la presencia agena: el otro...
Sales de ti mismo, o vuelves a ti mismo, para mezclarse con el paisaje, ser el blanco de un beso o la piel vibrante del tambor de una caricia;
Y te oyes nacer más allá del llanto, porque se abrieron tus oídos (effathá, que diría Él)

Y pides un favor, confias en ti, porque oyes que otro corazón (esa eterna presencia) también late solitario. Te conmueves, ya estás conmovido, porque no es el tuyo en ti, el mío en mi, sino que es el tuyo, el mío en el otro.

Mi hermana me ha ayudado, ha cogido el arado y no ha mirado atrás.
Lucas dijo "digno"; yo diría dignidad.

viernes, 25 de abril de 2008

Doctor Mort II

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Tothom que hi toca una mica rep una visita la vigília abans. Ell ho sabia, no puc explicar-ho científicament, però m’hi jugaria el coll que ho sabia. N’he vist molts casos després d’en Calabuig. La meva professió ajuda, és clar, però cal alguna cosa més per tal de copsar-ho, car, romandre a primera línia de batalla no és res si no observes amb la memòria. I jo ho sóc molt, d’observador. Vull dir, sensible als petits matisos en els canvis de la realitat. He dit memòria perquè és la sola facultat que ens permet de comparar allò que s’esdevé entre un punt anterior i un de posterior en el temps. Allò que hi ha entremig és la memòria.
Va ser una sort que jo hi fos, perquè en Calabuig tot es va esdevenir com de costum. El matí, el ritme cardíac i la pressió arterial gairebé es van normalitzar; la llengua, que feia dies que no li cabia a la boca, se li va desinflar; a les ungles dels peus li havia tornat la consistència de la duresa i havien perdut el color lilós de la sang lenta, que amb prou feines li circulava de cintura avall. A les pupil·les, (tot i que encara semblaven de vidre aquós) ja no li vibraven blanquinosos els iris, talment com si fossin rodaments bojos entorn la boca oberta d’un pou. Crec que va ser exactament això darrer la cosa que m’hi va fer parar-hi atenció. Sí, aquella petitíssima distorsió en el blau pregon dels ulls d’en Calabuig. Altrament no hagués estat gens excepcional la seva evolució. En tots els cossos, els canvis físics són gairebé sempre els mateixos unes hores abans. Sembla com si carn i ment es reconciliessin. Però no dura gaire, no. La calma es revolta sobtadament, tipa i plena de força perquè s’està menjant alguna cosa de dins amb grogor de febre. A mitja tarda es rebel·la la disnea i després, durant algunes hores, el cos sembla quiet, empetitit. Però la calma rovella la sang per dins amb un foc punyent, queixalada rera queixalada, fins que acaba dissolent completament l’aparell anatòmic. Hi ha gent que durant aquest xup-xup deixa anar per la boca els records infantils, els cauen dels llavis, rodolant, com si la memòria fos una ceba, la primera capa de la qual conservés la primerísima imatge de la mare. Després, inexorablement, la calma es disol com una ombra calenta sobre el llit, i el cos cedeix.
Tot i això, mai abans m’havia trobat amb cap cas com el d’aquell vell. Algú que es mostrés tant desitjós que jo conegués el seu secret. Vés a saber si ara per culpa d’això no estarà pagant la factura de la indiscreció, perquè, segons el que he deduït de les seves paraules, la única condició que ella et posa durant la visita és que... Res semblava anormal, tot va estar bé en la gravetat de les hores: dins la cambra, el meu silenci, i fora, d’en peus s’esperava la Mort de Calabuig.

lunes, 14 de enero de 2008

LA MOMIFICACIÓN VISTA POR UN GRIEGO

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LA TÉCNICA PLASTIDÉCOR

En ocasiones uno abre el cajón de la infancia y saca de él folios encerados con monigotes, o collages hechos con lentejas y macarrones, o laberintos de lana, en fin, todas esas obras, dibujos primeros que va repitiendo, con mayor o menor acierto en la técnica, a lo largo de su vida. Esas pasiones, proemios de nuestro libro de "mayores decepciones" son importantes porque nos configuraron una vez el alma, o el carácter.
Hoy me veo en la necesidad de explicar que cuando era niño (lo he dicho en otro lado, seguro, pero de otra forma) sentía una curiosidad muy sana por el antiguo pueblo de los egipcios. Bueno, ese apelativo se lo daría mi padre, que fue un hombre educado en un buen colegio, de padres y madres postizos, pero para definir lo que quiero decir, bien me vale. Esa admiración y curiosidad que sentí por la civilización del Nilo la quiero homenajear aquí con la inclusión de un texto que me parece muy interesante. No tuve noticia de él hasta que fui adulto, lo que viene a demostrar, como dije antes, que en realidad uno pinta y pinta una y otra vez los mismos monigotes, con mayor o menor acierto, según el humor y las digestiones que padece.




LIBRO SEGUNDO o de EUTERPE
Herodoto de Halicarlaso

"LXXXV. Por lo que hace al luto y sepultura, es costumbre que al morir algún sujeto de importancia las mujeres de la familia se emplasten de lodo el rostro y la cabeza. Así desfiguradas y desceñidas, y con los pechos descubiertos, dejando en casa al difunto, van girando por la ciudad con gran llanto y golpes de pecho, acompañándolas en comitiva toda la parentela. Los hombres de la misma familia, quitándose el cíngulo, forman también su coro plañendo y llorando al difunto. Concluidos los clamores, llevan el cadáver al taller del embalsamador.

LXXXVI. Allí tienen oficiales especialmente destinados a ejercer el arte de embalsamar, los cuales, apenas es llevado a su casa algún cadáver, presentan desde luego a los conductores unas figuras de madera, modelos de su arte, las cuales con sus colores remedan al vivo un cadáver embalsamado. La más primorosa de estas figuras, dicen ellos mismos, es la de un sujeto cuyo nombre no me atrevo ni juzgo lícito publicar. Enseñan después otra figura inferior en mérito y menos costosa, y por fin otra tercera más barata y ordinaria, preguntando de qué modo y conforme a qué modelo desean se les adobe el muerto; y después de entrar en ajuste y cerrado el contrato, se retiran los conductores. Entonces, quedando a solas los artesanos en su oficina, ejecutan en esta forma el adobo de primera clase. Empiezan metiendo por las narices del difunto unos hierros encorvados, y después de sacarle con ellos los sesos, introducen allá sus drogas e ingredientes. Abiertos después los ijares con piedra de Etiopía aguda y cortante, sacan por ellos los intestinos, y purgado el vientre, lo lavan con vino de palma y después con aromas molidos, llenándolo luego de finísima mirra, de casia, y de variedad de aromas, de los cuales exceptúan el incienso, y cosen últimamente la abertura. Después de estos preparativos adoban secretamente el cadáver con nitro durante setenta días, único plazo que se concede para guardarle oculto, luego se le faja, bien lavado, con ciertas vendas cortadas de una pieza de finísimo lino, untándole al mismo tiempo con aquella goma de que se sirven comúnmente los egipcios en vez de cola. Vuelven entonces los parientes por el muerto, toman su momia, y la encierran en un nicho o caja de madera, cuya parte exterior tiene la forma y apariencia de un cuerpo humano, y así guardada la depositan en un aposentillo, colocándola en pie y arrimada a la pared. He aquí el modo más exquisito de embalsamar los muertos.

LXXXVII. Otra es la forma con que preparan el cadáver los que, contentos con la medianía, no gustan de tanto lujo y primor en este punto. Sin abrirle las entrañas ni extraerle los intestinos, por medio de unos clísteres llenos de aceite de cedro, se lo introducen por el orificio, hasta llenar el vientre con este licor, cuidando que no se derrame después y que no vuelva a salir. Adóbanle durante los días acostumbrados, y en el último sacan del vientre el aceite antes introducido, cuya fuerza es tanta, que arrastra consigo en su salida tripas, intestinos y entrañas ya líquidas y derretidas. Consumida al mismo tiempo la carne por el nitro de afuera, sólo resta del cadáver la piel y los huesos; y sin cuidarse de más, se restituye la momia a los parientes.

LXXXVIII. El tercer método de adobo, de que suelen echar mano los que tienen menos recursos, se deduce a limpiar las tripas del muerto a fuerza de lavativas, y adobar el cadáver durante los setenta días prefijados, restituyéndole después al que lo trajo para que lo vuelva a su casa.

LXXXIX. En cuanto a las matronas de los nobles del país y a las mujeres bien parecidas, se toma la precaución de no entregarlas luego de muertas para embalsamar, sino que se difiere hasta el tercero o cuarto día después de su fallecimiento. El motivo de esta dilación no es otro que el de impedir que los embalsamadores abusen criminalmente de la belleza de las difuntas, como se experimentó, a lo que dicen, en uno de esos inhumanos, que se llegó a una de las recién muertas, según se supo por la delación de un compañero de oficio.

XC. Siempre que aparece el cadáver de algún Egipcio o de cualquier extranjero presa de un cocodrilo o arrebatado por el río, es deber de la ciudad en cuyo territorio haya sido arrojado enterrarle en lugar sacro, después de embalsamarle y amortajarle del mejor modo posible. Hay más todavía, pues no se permite tocar al difunto a pariente o amigo alguno, por ser este un privilegio de los sacerdotes del Nilo, los que con sus mismas manos lo componen y sepultan como si en el cadáver hubiera algo de sobrehumano. "

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Consideracions sobre

DÉU I LA MORT



Sempre en la meva línia.

Diuen els entesos en matèria filosòfica que la recerca de la pau de l’esperit és quelcom reconfortant i talment allò per la qual cosa val la pena de viure. Un cop trobada, la dita pau, –donat el cas que algú pogués envanidir-se d’haver-ho aconseguit - un no ha de fer res més per tal de justificar la seva presència en aquest món. Ha assolit el Nirvana, la comunió amb Déu i ja pot, dit en una paraula, dinyar-la, àdhuc, sospito li seria permès de llençar-se a un pou o posar el coll dins la baga sense por al foc de l’infern o la ferotge murmuració veïnal.
Però, crec que us estimo massa, o si més mínimament com per no desitjar-vos tanta felicitat en aquesta perillosa pau. Tanmateix, vull donar-vos testimoni d’uns pensaments que crec us poden ser profitosos, tot i que pel tema i segons a quines hores poden semblar estantissos.


El doble.


A la Grècia arcaica, quan un home desapareix per sempre o ha mort sense que se’n pugui trobar el cadàver i no es poden complir els ritus funeraris, el difunt —o millor dit, el seu doble, és a dir, la seva psyché — vaga sense fi entre el món dels vius i el món dels morts. Ja no és del primer, però encara no ha trobat lloc en el segon.
Per conjurar aquest espectre que podia comportar maleficis als vius, es feia un doble de pedra, el colossos —nom que en un principi no té valor d’estatura — i amb l’estàtua se substituïa el cos del difunt que així podia rebre les exèquies. El colossos no és una estàtua que reprodueix les faccions del mort, és una estela que es clava el terra, en un bosc no cultivat, símbol de l’altre món, que s’eleva cap el cel. El nom del difunt era invocat tres vegades damunt la pedra perquè aparegués la seva psiché sota la forma d’un fantasma (asma). A través del colossos el difunt fa patent als ulls dels vidents la seva presència que és, també, el signe d’una absència. En el curs dels rituals, el difunt efectua el pas entre el món dels vius i el dels morts. I de la mateixa manera els vius, a través dels colossos, es projecten en la mort.»



ECKHART, Escissió de la Fisis (Natura)


L’ull amb el què Déu em veu és el mateix ull amb el qual jo veig Déu, el Seu ull y el meu ull són un de sol. En justícia jo sóc pensat en Déu i Ell en mi. Si Déu no fos, jo no seria. Si jo no fos, Deu no seria. Tanmateix, no és necessari que tot això sigui de domini públic, car aquestes són les coses fàcils de malinterpretar i no poden ésser enteses només pel concepte.
Natura naturans (Natura naturalitzant): el misteriós poder que crea l’univers amb el seu pensament, potser sap que la realitat se sustenta d’una concepció unitària. Natura naturata (Naturaleza naturalitzada (causa – efecte): cada un de nosaltres només té accés a un caos de dades disperses. Condemnat a una visió contradictòria i fragmentada, la paraula gravita damunt la nostra existència, però aquesta paraula només pot accedir aq la referència o a la metàfora; en definitiva, palesa la disjunció total a què una cultura de la mort ha aconduït a l’home. Natura naturans + Natura Naturata = Deus sive Natura (Déu és la Natura).



Tajalli al-Haqq.


En general, els sufís, especialment els de l’escola d’Ibn ‘Arabî, consideren el cosmos com la teofania (tajallî) de la Veritat Divina (al‑Haqq) que es renova a cada moment. La creació és aniquilada a cada instant, la qual cosa en cert sentit també és afirmada pels teòlegs. La totalitat de l’univers passa per un fenomen d’expansió i contracció (al‑ratq wa'l‑fatq). En la primera fase del procés, l’Hàlit Diví o «Hàlit del Compassiu» (nafas al‑rahman), que és la substància fonamental del cosmos, manifesta totes les coses exterioritzant y donant existència (ex‑sistere) als arquetips celestials immutables (al‑a'yân al-thâbitah), mentre en la segona fase totes les coses retornen al seu Origen Diví en el què estan eternament presents. Així doncs, el cosmos depèn de forma absoluta de la seva Font Divina, sens la qual, literalment, seria res.


Tzimtzum (Contracció)


El concepte de tzimtzum, la contracció i "remoció" de la llum infinita de Déu per tal de permetre la creació de realitats independents, està elucidat en les ensenyances de l’Arizal. En les generacions que el succeïren, es varen desenrotllar dues escoles de pensament respecte al significat del "tzimtzum": una prengué el concepte literalment (és a dir, que la llum infinita de Déu ja no és present dins el “buit” o “úter” de la creació de l’univers) mentre que l’altre, la del Baal Shem Tov i els seus deixebles després d’ell, van entendre que aquest concepte no devia ser interpretat literalment, sinó més aviat era una referència a la manera segons la qual Déu va imprimir la seva presència sobre la consciència de la realitat finita.
En veritat, d’acord amb l’acceptada segona opinió, des de la perspectiva de Déu, com si hi fos (la Seva omnipresència i la de la Seva infinita llum és permanent), sense experimentar cap canvi abans ni després de la Creació. Des de la nostra perspectiva, tanmateix, la seva llum sembla desaparéixer. Això no és necessari pel propi acte de la Creació, la concessió del lliure albir l’home i la consumació del màxim desig de Déu de “rebel·lar-se aquí baix”
Un dels dilemes filosòfics que troben la seva resolució en la doctrina del tzimtzum és com emergir la finitut de l’infinit i la pluralitat d‘una unitat absoluta.


No vull glossar massa el que queda palés amb la meva selecció, tan sols puc meravellar-me dels pensaments antics que, com les piràmides d'Egipte, es van alçar a mans nues, sense l'asistència de l'obligada tècnica de la qual ens vanagloriem de disposar avui dia -estudis, estudis i gens de contemplació- i la qual no és res més que la prolongació d'allò que -no ens hem d'enganyar a nosaltres mateixos-, ja s'ha dit, àdhuc abans de dir-se per primera cop.

martes, 16 de octubre de 2007

La parábola del retorno del hijo pródigo

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Hoy he recuperado tres textos de un antiguo blog que me abandonó hace años. Quien conozca la bella Parábola del retorno del hijo pródigo en la Biblia comprenderá, quizá, lo que significa "colgar paños blancos en las altas ramas de un árbol". Para quien no la conozca y sienta curiosidad: Lucas XV:11-32.

Como veréis, son textos cojos, alguno un poco lento o "pasoperdido", pero no los quiero tocar por el momento porque todavía no ha llegado el momento.


Ahí van:




LA MANZANA


Subí al vagón y me senté de espaldas a la marcha del tren. Abrí mi libro y empecé a leer. Frente a mí había un matrimonio de ancianos. Casi nos tocábamos las rodillas. El tren se puso en marcha y la vieja se santiguó. Entramos en un túnel, lo atravesamos y salimos al exterior. El fuerte viento había despejado el cielo de nubes y tan sólo quedaban encuadradas a la vista en la panorámica de la ventanilla unas cuantas apelotonadas en el horizonte, cercando el sol de la tarde, como si aquella ceguera de fuego hubiera caído entre algodones. La luz se posaba en todas las cosas y las hacía doradas y pequeñas. Cruzamos un puente por encima de un río verde y curvado con cañizares en su orilla, que se mecían mudos y mudos. Entonces oí cómo la mujer pedía a su esposo que bajase algo del portaequipajes. El viejo se alzó lentamente y cuando estuvo seguro de mantener el equilibrio, estiró su brazo hasta alcanzar una bolsa de lana. La tomó y se sentó, poniéndola sobre el regazo de su esposa. Una de las manos nervudas y arrugadas de la vieja fue a perderse en su interior un momento; cuando la sacó tenía una manzana amarilla, con la piel arrugada y mate. Se la mostró al viejo con una sonrisa. - Fíjate qué fea se ha puesto- dijo y la colocó encima de la bolsa, sobre un pañuelo blanco. El hombre metió la mano en su chaqueta y sacó una diminuta navaja negra con una cruz gravada en la empuñadura de madera. La abrió y se la ofreció. Hacía un momento que habíamos dejado el río atrás y ahora la luz era casi roja. Volví la vista a mi libro. Entonces ocurrió algo maravilloso. No oí nada, eso no, pero sentí cómo aquella vieja manzana se abría con la hoja de la navaja. Un olor dulce, de tarde alegre en el campo, se derramó por el vagón y entró por mis narices para quedarse dentro de mí un segundo. Cerré los ojos. -¿Quieres un cachito?- oí cómo preguntaba la mujer al viejo. Él debió tomar el pedazo; seguro que lo miró un momento antes de llevárselo a la boca. Y pasó que aquel olor de la manzana se hizo más pesado, melancólico: oxidado. Antes de abrir los ojos y volver de nuevo a mi lectura, pensé que así debió de ocurrir aquel día y que, al igual que yo, Dios se había dado cuenta de la falta de Eva por el olor triste que despidió la manzana.

CINEMA MUT

Obro l'armari de l'habitació dels mals endreços. Unes mantes, una cistella amb cassets vells, la capsa de cartró de la planxa i... Sí, aquí està! Les pel·lícules de súper 8.Preparo la platea. Abaixo la persiana del menjador i m'assec en el sofà. Davant meu el projector amb ronquera de dies de no fer-lo servir, deixa anar pudor de pols torrada. Tanco el llum, premo el botó de la màquina i es comença a empassar el cel·luloide amb certa dificultat... tac, tac, tac. 5 ? 4 ? 3 ? 2 ? 1 - La llum es torna moviment i record, es pinta amb els colors del passat. Oh! Ma mare... Què prima! Què jove. I... el Sultàn , el nostre gos d'aigües. També surt el pare, Que estrany!, amb aquella dèria per portar-nos als llocs i després deixar-nos hores i hores sols, mentre es bevia el bar. Tot i així fa gràcia de veure's de nou junts. Aquells estius van ser pocs, i els odiava. Però ara, tan lluny, quan el cor es buida d'odi, se m'omple d'enyorança i melangia. La vida a trossos. Tinc dotze anys, aquí al sofà. Mira! Si se'm veu!... Porto el cabell llarg, com una nena. Les meves germanes em vigilaven el look. Jo no em podia pas negar amb quatre dones capficades en fer-me semblar un noi modern, com en les sèries de televisió americanes. Escenes improvisades a casa nostra, a la platja, de vacances, a l'hotel, un cul sàtir i indeterminat que es deixa veure. Tota la meva família projectada en el blanc de la paret. Pobra imatge doblegada per la negra silueta d'un gerro, que em distreu del somni per dir-me a cau d'orella: "allò ja és passat".


CANTO DE AMOR A MEDIA NOCHE

Pasadas las tres, en la madrugadame hallaba envuelto en mí mismo, bajo la ropa blancade mi cama, con la espalda abrazada al pijamade rayas verdes que más de uno conocéis, y no por clarividencia.Pasadas las tres, como decía Agobiado por el tumulto de pensamientos que en mi noche habíaConmigo, "enmígo", a mi lado... decidí arriesgar mi mañana de mañanaY levantarme a escribir esto.Suicidé primero mi pie diestro,pues yo duermo en en la siniestra de mi lecho de amor y sueños,y salió desnudo de entre las sábanas, lánguido, febril, casi a ritmo de paso de Semana Santa con un "¡ui!" que me dió hasta lástima.Una vez concluído el luto por el pie, con la determinación de Job, eqilibré mi torso, mi cabeza y mi centro hasta que: Uno, dos, uno, dos, uno dos...Me puse en algo parecido a eso que llamamos "derecho".Encendí un Luchy Strike en la cocina... Y entonces me hablé muy tierno, muy tierno, casi con acento francés.Me quiero -empecé diciéndo-, no lo puedo evitar. Deseo hacerme el amor en esta noche extraña, y tan negra para aquellos que mañana el lunes signifique eso: Lunes.Me quiero- continué reafirmándome frente a la luna de mi armario- y lo curioso es que hace mucho tiempo que estoy junto a mí... pensé extrañado. ¿Será porque todavía no me conozco del todo que continúa embrujándome mi reflejo en el espejo? ¡Sin duda! -afirmé con una medio sonrisa- el secreto está precisamente en eso, en el secreto. Pero decidí no caer en el "ennui" del sopor y me puse a calentar un vaso de leche en el micro.¡Pero es que yo me quiero tanto, tanto! -me dije. Y de repente me vi envuelto en un abrazo cálido, de esos que sólo te da tu madre cuando eres muy niño o algún amante en los primeros días de noviazgo fugaz. -Oh!, pero, déjate de eso ahora.- dije yo- ¿Acaso no ves que no puedo dormir?.-¿Qué te ocurre?- me pregunté.-No sé. Estoy como algo intranquilo.-¿Y eso?¡Plinnnnn! (la campanilla del microondas) Di un suspiro y no contesté.-Es la primavera- afirmé con un irritante tono pedagógico.- Yo, sin embargo, ya ves: Tan ricamente. He visto que me levantaba y no he sabido quedarme sólo en la cama. Tú te ríes cuando me digo que me quiero, pero es cierto. Cuando no puedes pasar un minuto sin estar a tu lado entonces significa que estás enamorado, ¿no?. Me dejé hablar porque necesitaba oir una voz tranquilizadora.- Claro que sí. No lo dudes. Yo me quiero, porque me quiero. Sin razón, sin mirar defectos. Conozco mis debilidades y es cierto que a veces me enfado conmigo porque no llego a las metas que me propongo, pero a pesar de eso sigo a mi lado. Somos la pareja perfecta. Jamás me dejaré. Estuve conmigo en los momentos malos, en los "chungos" como dices yo. Y también en los mejores. Todos, todos: sin faltar a uno. Y...¿Sabes una cosa?... pues que no me canso de vivirlos conmigo. -¿De verdad? -me pregunté con voz melosa.-¡Pues claro que sí! Fíjate ahora, solos yo y yo en la cocina. Y no te preocupes porque me tenga que lavar los dientes otra vez después del vaso de leche. ¡Una y cien veces! Ni tampoco porque mañana quiera levantarme temprano para estudiar. Estoy a tu lado con gusto. Sin importarme nada lo demás. Me ha costado mucho encontrarme, ¿sabes?. Eres lo mejor que tengo y jamás, jamás lo perderé. Te quiero, Juli. Con todo mi cuerpo y mi corazón imperfecto. Te quiero aunque no dejes de fumar. Te quiero aunque te levantes de madrugada a escribir. Te quiero desde siempre: Desde el primer día en que me vi, como hoy, con cara de niño, traviesa y triste a ratos. Quizá sea un defecto el quererte tanto, pero eres el único defecto que tengo.Y así concluyó mi insomnio. Volví a mi cama y me abracé en la noche quieta, fresca y chispeante con la enorme satisfacción de saber que yo, sí, sí, que yo me amaba.
Masquefa, 31 de marzo 2003

sábado, 28 de julio de 2007

Il Ballo del Mattone

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¡Adoro esa canción! Para quien no la haya oído, sepa que "Il Ballo del Mattone" (de la italiana Rita Pavone) es una de las obras de arte de la música: si la razón del arte es despertar una emoción, "Il Ballo del Mattone" es arte puro. Aquí incluyo el link:

http://es.youtube.com/watch?v=wVB87UgHLTQ

Disfruta de esta inyección de optimismo por vía auricular.

viernes, 20 de julio de 2007

Apolonio en Egipto

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Mi querida profesora:


No vayas a creer que no he olvidado mi promesa. El Apolonio prometido, aquel que tenía algo de Buñuel y de Dafoe todavía duerme bajo la sombra de un cocotero en mi isla de vida. Quizá pronto despierte, quizá. Me abandono a la esperanza de creer en el Destino, aquel que es para todos y que nadie domina. Mientras tanto ya no lloro... ya no lloro tanto y tan amargamente.


¡Qué feliz sería si volviesen los días de los frascos misteriosos! Días en que el Arte se revelaba con la Historia y me invitaban a seguirles. Y sin embargo no me siento derrotado, ni cansado. Supongo que la madurez trae consigo la pérdida de respeto a la Esperanza. He visto muchos muertos. Y lo digo literalmente: la imagen de la quietud, la paz y la abstracción absoluta no me dio miedo cuando yacía en aquellos rostros sin color, sin vigor... sin la maldad de la vida chisporroteando en sus ojos.


Echar la vista atrás es un placer a mis 33 años. ¡Qué suerte haber tenido nada y haber vivido casi todo! Incluso las personas que amé también me amaron. ¡Qué suerte haber sentido los besos y abrazos de una madre, la protección de un padre aventurero y visionario! ¡Qué agradecido estoy por tanto amor de hermanas y tantos amigos de una tarde! He visto mundo mi querida profesora. Me he contemplado siendo adulto reflejado en los objetos que adoré de niño, he disfrutado de la vida. Entiendo un poco más mi trayectoria, mi cuadratura del círculo: me siento bien.


Y usted sabe qué niño tan mágico fui. Leía a Bruno el Mago, Picátrix y otros tantos a mis 10 años. Mi madre me hizo una túnica amarilla con el Alef bordado en el pecho y vestido en ella invocaba a Afravaskiakyras, a Adonay y a otros muchos que se han ido de mi memoria. Y los llamaba desde mi niñez para ordenarles que provocasen la lluvia en mi pueblo.


Mi adolescencia fue de mar rizada. Qué entradas en el mundo de los adultos! Un mundo de mentiras, de robo, de egoismo... Y yo entré en él buscando, exigiendo un respeto que ya tenía hacía tiempo pero que no supe reconocer entonces porque NO TOCABA.


Tenía usted razón mi querida profesora: La felicidad es un momento concreto que casi nunca sabemos reconocer en el instante que pasa. Sólo aveces, muy pocas veces, la sentimos vibrar en nuestro espíritu con el rugir de un tren de mercancías. Mi querida profesora: el tren está pasando............ AHORA.

jueves, 19 de julio de 2007

Amigo mío

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Londres es viejo; un polvoriento León de peluche que apesta a humedad. Ruge ronco, preso de una virulencia en la palabra ni ensayada ni espontánea, es decir, artística.

Londres apesta un poco, a húmedo, y su pelaje está lleno de calvas, algunas en lugares de su geografía felina que más vale callar para ahorrarse el triste espectáculo de ver los despojos de una fiera haciendo pucheros.

En Armoury Way y en Barnes Street quedaron mis cenizas. Allí siguen plantadas nuestras cicatrices de juventud, aquellas que ya nunca más florecerán.


Londres ha sido nuestro gran amor,
aquel que se desprecia porque ya es costumbre, más que amor.

Londres en formol, la momia de Londres, Londres de raído mármol:
Su nombre es la escultura blanda de un atleta muerto,
un busto de padre de vacías pupilas.

Viejo papá London: ese al que tú y yo, ahora-
en nombre y causa de todos los días pasados-
le levantamos la mano.

jueves, 28 de junio de 2007

El Magnetismo animal de Franz Anton Mesmer

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ESTE pensamiento cuya anatomía está compuesta por diminutos impulsos eléctricos, descarga ahora toda su energía en mi aterrado sexo.



Las luces se aproximan unas a otras definiendo la imagen del deseo y adquieren tu forma en mi mente.


Ya destila mi boca la saliba que no cubrirá tu piel esta noche. Ya mis ingles calientes se endurecen, intentando atrapar tu vientre blanco.

Un eterno fotograma con la imagen de tu olor y el sonido del vello de tu sexo vibrando en mis mejillas se proyecta sobre el blanco incandescente de esta ansia mía.

Así es esta noche animal: la noche en que el magnetismo de Franz Anton Mesmer abrasa mi boca vacía de ti, oculto entre las sábanas que cubren mi cuerpo sin furia, mi solo cuerpo.

martes, 19 de junio de 2007

Skerryvore: Latitude 56° 19.4’N

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Entre los meses de noviembre de 1997 y junio del siguiente año viví en una ciudad costera de la Inglaterra del Sur llamada Bournemouth. Era esta una pequeña y fungiforme mancha en el mapa del condado de Dorset, dotada de un certificado de nacimiento dieciochesco, una tradición hotelera de cierta importancia y un Pier (especie de pasarela de recreo sobre el mar) que se adentraba 25 metros en la costa y en el cual habían muerto representantes de todas las generaciones, arrebatados por una ola en una mañana lluviosa.
Pero lo más remarcable de Bournemouth era su tranquilidad. Cuando a las cinco de la tarde el viento soplaba sobre mar y traía la niebla a The Hill (la parte más alta de la ciudad) se podían escuchar con toda claridad los tintineos de miles de cucharillas removiendo el té de las tazas de los jubilados: Una melodía de alpaca y aluminio con algún trino de plata.

En Bournemouth sufrí los primeros meses el mal de la soledad. No conocía a nadie, y era incapaz de iniciar cualquier tipo de relación porque no hablaba casi nada de inglés.

Pude volverme loco, pero me salvó el que me dedicara a ocupar mi tiempo en descubrir la ciudad a través de su historia. Sabía que el Destino me había llevado allí por alguna razón así que supongo que decidí soltarme. Con paraguas y plano en mano recorrí todas las calles y caminos de la ciudad y descubrí lugares y personajes que me han acompañado desde entonces hasta formar parte de mí mismo, de mi propia historia. Como Chang Wu Gow, (1840s - 1893) , un gigante chino que había muerto en Bournemouth, a donde se había retirado, después de pasarse media vida trabajando en un circo y haber conocido a todos los reyes y emperadores de su época. Otros de los personajes que también me acompañaron fueron Mery Schelley, la creadora de Frankenstein y Thomas Hardy, el poeta. Pasé muchas tardes leyendo en un banco, al lado de la tumba de la primera, y fui en busca del perfume de las lilas de Bournemouth que Thomas Hardy describe tan maravillosamente en su libro "La Mano de Adalberta".

Pero la historia que más grandemente me llegó fue la de Skerryvore. Tanto es así que he adoptado el nombre como un tercer apellido.

Muy cerca de donde yo tenía mi habitación había vivido durante unos años Robert Louis Stevenson (La Isla del Tesoro) en una casa a la que el escritor había bautizado como Skerryvore. En ese lugar Stevenson había acabado Doctor Jeckil y Mr. Hide. El nombre de Skerryvore me causó mucha curiosidad: la misma que provoca a todo aquél que lo oye por primera vez, supongo, y decidí saber si tenía algún significado.

Lo tenía: era el nombre de un faro que había construido Allan Stevenson, en Escocia. Este Allan no era otro que el abuelo de Robert Louis. "Así pues, la residencia del escritor llevaba el nombre de un faro escocés...". Pensaba esto cuando dos personas se acercaron lo suficientemente a mi como para poder escuchar su conversación y entonces me di cuenta de que era capaz de entender casi todo lo que decían. El idioma había penetrado lo suficiente en mi cerebro y ya podía encadenar palabras y hacer frases con las que podía, más o menos, expresar lo que yo quería decir. Entonces dejé de lado la soledad y los paseos al cementerio (he retomado esas amistades muchas veces, después de aquellos días), pero todas aquellas historias se hicieron viejas en mi experiencia personal y como eran frágiles las tomé mucho cariño, porque habían sido las únicas compañeras de mi soledad, me habían distraído, interesado y librado de la locura.

Skerry significa "aterrador" y vore es una antigua palabra que designaba "la costa, la orilla": un poco como mi situación personal durante los primeros meses de aislamiento forzoso. Yo había sido como ese faro solitario, que aguantaba los envites de las olas del mar escocés. Yo también había sido una torre fuerte, paciente, triste pero llena también de orgullo, que se resistía a desaparecer en el océano de la soledad.


Así que adopté el nombre para no olvidarlo nunca.

La Nao Sísifo

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Bellos y matemáticos, discontinuos y frágiles como pompas de jabón eran los propósitos que medí anoche con el compás de la esperanza mientras trazaba la ruta de esta nave. Ahora se amontonan frente a la escotilla de emergencia, expandiéndose y atropellándose los unos con los otros. "Nada es diferente", me digo. También esta mañana (como la de ayer y como la del ayer de ayer) recuperaré todas las cuentas de cristal perdidas para hilvanarlas al hilo de la desesperanza con temblorosas manos.
Es difícil mantener firme el timón, no rendirse al canto de las sirenas. Hace ya muchos años que este mi barco mercante va a la deriva: sólo, sombrío y sin sueños. Su nombre es Sísifo.

Aún así, la mañana es fresca. Estamos en junio, un mes simpático. Sí, hoy es un buen dia para pegar un tiro a esas zorras homéricas, perder el rumbo, dinamitar el barco y echarse a volar.

domingo, 17 de junio de 2007

Ian, the brazilian boy.

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Los juramentos están hechos para romperse. Un juramento trae consigo un secreto, un pacto entre dos, aunque sea con uno mismo. Generalmente se jura por algo, sobre algo o en nombre de algo y siempre acostumbra a ser algo que se valora sumamente.
No creo que haya nada más sagrado para un buen hijo que su madre. Jurar por ella es temerse lo peor si se quiebra el juramento. Cuando la madre está muerta el valor del juramento no decrece, al contrario: aumenta considerablemente. Una madre muerta es mucho más sagrada que una viva por el simple hecho de que ya no puede causar decepción alguna que tiente a romper el pacto. Los ojos de la madre muerta vigilan en los portaretratos... Te veo!

Por eso no puedo romper el juramento que le hice a Ian hace unas horas.

Supongo que yo también fui así, sentí así. Supongo que yo también fui él. Nos repetimos en los demás, si tenemos memoria y cierta sensibilidad. Y me alegro de haberme encontrado esta noche con Ian porque ha sido como darme de bruces con una parte de mi de hace muchos años.

Ver, comprender, sentir, recordar...Un sentimiento de culpa menos, una redención para mi alma: un descuento en el precio del billete de ida al Paraíso.

sábado, 16 de junio de 2007

El Doctor Muerte

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Tengo que visitar a mi médico, el doctor E.
Él no te mira, sólo habla, y sabes que es él quien te habla porque vibran los pelos de su bigote. Hay que fijarse mucho pero si estás atento puedes ver cómo cada trece segundos, matemáticamente, un ligero vientecillo altera la correcta posición de los flecos de su moustache.
Aunque es mejor así, que no te mire. La última vez que vi sus ojos me mandó a la báscula.

-Vaya y péselo- ordenó a la enfermera-. Verá -comenzó diciéndole a mi esposa-, cuando enviamos a la báscula a un paciente que viene a la consulta de un encólogo es para poner al día a la familia de cuando y como va a... Existe la posibilidad de operarle, claro, pero la cosa está muy avanzada. Que no fume, todavía le podemos extirpar un pulmón, quizá un riñón. ¡Oh, vamos, fortaleza señora, se puede vivir con un sólo riñón! ¡Ojalá fuera sólo eso! La quimioterapia le hará trizas, seguro, pero vale la pena intentarlo. Déle estas si sufre, o si sangra. Si sangra lo hará por todos los orificios de su cuerpo, no se asuste, eso es de lo más normal en estos casos. En realidad sus entrañas son parecidas a... ¿cómo le diría?, a una magdalena mojada en el café-.

Parece ser que el doctor estaba releyendo a Proust últimamente.

-Hay que tener cuidado con los desprendimientos- continuó diciendo-. Será rápido, a lo sumo seis meses, pero no llore por favor y ¡ánimo, que ya queda poco! En el hospital tenemos un grupo de apoyo, hay mucha gente como ustedes, no son los únicos que pasan por esto. Ahora hay que centrarse en la calidad de vida de su marido. No tendrá mucha, claro: los dolores serán espantosos. ("Espantosos" cae exactamente en el segundo 13).

Ruido de nudillos contra la puerta, detrás aparecen la enfermera y el enfermo. -Ya estamos aquí, doctor.
- ¿Y bien?
- 65 kilos 300, doctor.
- Mmm, excelente, excelente ¿no es así?

Tu Nombre

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Con ellas nos crean o nos aniquilan, de un aliento. Con ellas nos traen la paz de la risa, el fin del "in" de la indecisión : más grande que las vueltas de este mundo son, más que la conciencia del ser no niño, que tanto duele.
Las palabras, el nombre, tu nombre en tu voz, siempre tu voz. "Lorem ipsum vim ut utroque mandamus... Etc. " La matriz es de oro cuando chapotean sus letras en los charcos de tu saliva.

Una vez te "hice" una poesía. Era la primera que escribía sin que el objeto de la belleza fuese el cadáver de una imaginación de adolescente. Y yo, que sabía de tus limitaciones, sólo esperaba que me revolvieses el cabello, como si fuera un niño que presenta un corazón dibujado a su maestra.



Aquellos versos habían flotado en la hondura de unas lágrimas. La voz, la palabra de mi nombre en tu voz los habían creado para que fuesen inmortales, viento cósmico, únicos como las rayas de una cebra.

Pero me reñiste. Para ti aquellos versos eran sólo mierda entorno a tu nombre. T-U nombre, el que yo veneraba ,adornado con las filigranas del mio.

Gasté toda mi fortuna en tu dulce nombre. Aquella noche pagué el revolcón a la Inspiración y fui un pobre deshauciado cuando lo borraste de mi poesía de un manotazo. Todo para que no leyesen otros las letras de TU nombre envueltas entre aquellos pedazos de osadía.