jueves, 29 de mayo de 2008
lunes, 26 de mayo de 2008
Agesandros
¡Por Hércules, qué perfectísimos habían sido los brazos de la muchacha! La piel que los recubría parecía posarse sobre los músculos, apenas insinuados, bajo una capa de aterciopelada lividez; las venas, que surcaban angulosas sus antebrazos al igual que lentos y delicados ríos de leche, tenían el nacimiento en lo dramático de las muñecas, duras pero flexibles, capaces sólo de soportar la justa y calculada fuerza de la carne, torneada dos veces, brillante y diáfana como cabezas de alfil.
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viernes, 16 de mayo de 2008
Miradas
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miércoles, 14 de mayo de 2008
A bad end - Plumas de marabú
I've been thinking, oh yeah, as usual: thinking, thinking again and again. And the only answer I’ve got from-all-that-thinking is a merely conclusion, an sparkling light in the dark.My Lord:
I pray for someone who can drive me, my Lord.
Not driving me home, no, I need someone who saves me from this hell, this ordinary and private horror; someone able to be aware of my writings, teach me the way to write over my thoughts, plus ultra my thoughts, because they are becoming ideas in my head, perhaps voices of voices.
Atrezzo: And, as I pray, lots of true tears, almost honey tears, bloom from my red eyes down to my temples. I feel scary, later on I laugh, and then my nose gets blocked, and my hands, made a mass of comprised flesh, are almost a rock, a solid and white rock.
A voice: No master is going to appears in front of you and say: "Hey, I wil. Me: But I deserve it
A voice: “If everyone got all what they deserve, humanity would die from starving. Me: He’s right. I feel worse, even worse. Are you God? A voice: Silence. Me: Shall I ask you for a prove? A voice: Certainly....you are already MAD.

El caso fue que ese instante pasó, dando lugar a una necesidad física. No me refiero a orinar ( en este punto fui escrupulosamente instruída en mis años infantiles para hacerlo siempre antes de irme a dormir ); me refiero a esa otra necesidad física que en ocasiones tenemos las damas y que no es más que la de pasearse por casa, calzada con unos discretísimos tacones de aguja de 12 cm.
Al principio llevaba la bata puesta pero, a pesar de que la bata de invierno es una prenda que abriga mucho y que acompaña otro tanto en las expediciones nocturnas a la cocina, en busca de un vaso de agua; a pesar, digo, de los indiscutibles momentos de confort que proporciona una buena bata recia; regalo de algún cumpleaños indefinido, estampada a cuadros y pelotas chatas, mezcla de merino y algodón; no pude evitar reconocer que ya no andaba en consonancia con mi simpático calzado. Y como a mí me gusta ir siempre arreglada del todo, decidí quitármela. Entonces sentí frío y fue porque, a parte de la bata y de los tacones, no me cubría el cuerpo más prenda que un anillo enorme de oro, con un rubí tallado de las dimensiones de un garbanzo cocido, regalo de un magistrado retirado. Y es que las joyas visten mucho, pero no abrigan otro tanto.Suspiré un momento y entonces hice lo más natural: saqué del cajón de los calcetines un par de medias rosa "panti", bordadas sobre red, con unas manzanitas de seda blanca en las que, alternamente y sin dar sensación de patrón, aparecen unos conejitos o cabras pigmeas que juegan al mus. Me las enfundé enseguida, claro, y sentí como el calor envolvía mis piernas en una sinfonía casi pornográfica de carne, de frutas y de cabras ludópatas. Cubrir el pecho fue algo más dificil, pues el marabú de plumas de flamenco añil ,que suelo acompañar con las medias en esas ocasiones, lo tenía en la tintorería. Di un rápido repaso al vasto y poblado universo de mi armario y me decidí a llevar un maravilloso abrigo de lana negra. ¡Qué pieza! Tenía un fabuloso corte, de tacto tan sedoso como el puvis de un adolescente, brillante y sin botones; hecho a medida en 1913 para la mujer de un boticario de pueblo, a la cual tuve la suerte de conocer en una visita benéfica a un asilo de ancianos. Cierto es que prometí a la vieja, una entrañable abuelita ciega, que si me compraba dos números del viaje de fin de curso y me prestaba el abrigo esa noche, volvería a visitarla a la mañana siguiente; pero algunos asuntillos me retuvieron un pàr de años y cuando regresé al asilo, el lugar de su cama lo ocupaba una máquina de cafés y chocolates, automática y estupenda, en torno a la cual se arremolinaban las monjas celadoras, para sentirse, creo yo, más genuínas y más ellas : como embargadas por los aromas del torrefacto que recuerdan tanto a la Colombia y al África de las misiones.
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viernes, 25 de abril de 2008
Doctor Mort II
Va ser una sort que jo hi fos, perquè en Calabuig tot es va esdevenir com de costum. El matí, el ritme cardíac i la pressió arterial gairebé es van normalitzar; la llengua, que feia dies que no li cabia a la boca, se li va desinflar; a les ungles dels peus li havia tornat la consistència de la duresa i havien perdut el color lilós de la sang lenta, que amb prou feines li circulava de cintura avall. A les pupil·les, (tot i que encara semblaven de vidre aquós) ja no li vibraven blanquinosos els iris, talment com si fossin rodaments bojos entorn la boca oberta d’un pou. Crec que va ser exactament això darrer la cosa que m’hi va fer parar-hi atenció. Sí, aquella petitíssima distorsió en el blau pregon dels ulls d’en Calabuig. Altrament no hagués estat gens excepcional la seva evolució. En tots els cossos, els canvis físics són gairebé sempre els mateixos unes hores abans. Sembla com si carn i ment es reconciliessin. Però no dura gaire, no. La calma es revolta sobtadament, tipa i plena de força perquè s’està menjant alguna cosa de dins amb grogor de febre. A mitja tarda es rebel·la la disnea i després, durant algunes hores, el cos sembla quiet, empetitit. Però la calma rovella la sang per dins amb un foc punyent, queixalada rera queixalada, fins que acaba dissolent completament l’aparell anatòmic. Hi ha gent que durant aquest xup-xup deixa anar per la boca els records infantils, els cauen dels llavis, rodolant, com si la memòria fos una ceba, la primera capa de la qual conservés la primerísima imatge de la mare. Després, inexorablement, la calma es disol com una ombra calenta sobre el llit, i el cos cedeix.
Tot i això, mai abans m’havia trobat amb cap cas com el d’aquell vell. Algú que es mostrés tant desitjós que jo conegués el seu secret. Vés a saber si ara per culpa d’això no estarà pagant la factura de la indiscreció, perquè, segons el que he deduït de les seves paraules, la única condició que ella et posa durant la visita és que... Res semblava anormal, tot va estar bé en la gravetat de les hores: dins la cambra, el meu silenci, i fora, d’en peus s’esperava la Mort de Calabuig.
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martes, 16 de octubre de 2007
La parábola del retorno del hijo pródigo
Como veréis, son textos cojos, alguno un poco lento o "pasoperdido", pero no los quiero tocar por el momento porque todavía no ha llegado el momento.
Ahí van:

LA MANZANA
Subí al vagón y me senté de espaldas a la marcha del tren. Abrí mi libro y empecé a leer. Frente a mí había un matrimonio de ancianos. Casi nos tocábamos las rodillas. El tren se puso en marcha y la vieja se santiguó. Entramos en un túnel, lo atravesamos y salimos al exterior. El fuerte viento había despejado el cielo de nubes y tan sólo quedaban encuadradas a la vista en la panorámica de la ventanilla unas cuantas apelotonadas en el horizonte, cercando el sol de la tarde, como si aquella ceguera de fuego hubiera caído entre algodones. La luz se posaba en todas las cosas y las hacía doradas y pequeñas. Cruzamos un puente por encima de un río verde y curvado con cañizares en su orilla, que se mecían mudos y mudos. Entonces oí cómo la mujer pedía a su esposo que bajase algo del portaequipajes. El viejo se alzó lentamente y cuando estuvo seguro de mantener el equilibrio, estiró su brazo hasta alcanzar una bolsa de lana. La tomó y se sentó, poniéndola sobre el regazo de su esposa. Una de las manos nervudas y arrugadas de la vieja fue a perderse en su interior un momento; cuando la sacó tenía una manzana amarilla, con la piel arrugada y mate. Se la mostró al viejo con una sonrisa. - Fíjate qué fea se ha puesto- dijo y la colocó encima de la bolsa, sobre un pañuelo blanco. El hombre metió la mano en su chaqueta y sacó una diminuta navaja negra con una cruz gravada en la empuñadura de madera. La abrió y se la ofreció. Hacía un momento que habíamos dejado el río atrás y ahora la luz era casi roja. Volví la vista a mi libro. Entonces ocurrió algo maravilloso. No oí nada, eso no, pero sentí cómo aquella vieja manzana se abría con la hoja de la navaja. Un olor dulce, de tarde alegre en el campo, se derramó por el vagón y entró por mis narices para quedarse dentro de mí un segundo. Cerré los ojos. -¿Quieres un cachito?- oí cómo preguntaba la mujer al viejo. Él debió tomar el pedazo; seguro que lo miró un momento antes de llevárselo a la boca. Y pasó que aquel olor de la manzana se hizo más pesado, melancólico: oxidado. Antes de abrir los ojos y volver de nuevo a mi lectura, pensé que así debió de ocurrir aquel día y que, al igual que yo, Dios se había dado cuenta de la falta de Eva por el olor triste que despidió la manzana.
CINEMA MUT

Obro l'armari de l'habitació dels mals endreços. Unes mantes, una cistella amb cassets vells, la capsa de cartró de la planxa i... Sí, aquí està! Les pel·lícules de súper 8.Preparo la platea. Abaixo la persiana del menjador i m'assec en el sofà. Davant meu el projector amb ronquera de dies de no fer-lo servir, deixa anar pudor de pols torrada. Tanco el llum, premo el botó de la màquina i es comença a empassar el cel·luloide amb certa dificultat... tac, tac, tac. 5 ? 4 ? 3 ? 2 ? 1 - La llum es torna moviment i record, es pinta amb els colors del passat. Oh! Ma mare... Què prima! Què jove. I... el Sultàn , el nostre gos d'aigües. També surt el pare, Que estrany!, amb aquella dèria per portar-nos als llocs i després deixar-nos hores i hores sols, mentre es bevia el bar. Tot i així fa gràcia de veure's de nou junts. Aquells estius van ser pocs, i els odiava. Però ara, tan lluny, quan el cor es buida d'odi, se m'omple d'enyorança i melangia. La vida a trossos. Tinc dotze anys, aquí al sofà. Mira! Si se'm veu!... Porto el cabell llarg, com una nena. Les meves germanes em vigilaven el look. Jo no em podia pas negar amb quatre dones capficades en fer-me semblar un noi modern, com en les sèries de televisió americanes. Escenes improvisades a casa nostra, a la platja, de vacances, a l'hotel, un cul sàtir i indeterminat que es deixa veure. Tota la meva família projectada en el blanc de la paret. Pobra imatge doblegada per la negra silueta d'un gerro, que em distreu del somni per dir-me a cau d'orella: "allò ja és passat".
CANTO DE AMOR A MEDIA NOCHEPasadas las tres, en la madrugadame hallaba envuelto en mí mismo, bajo la ropa blancade mi cama, con la espalda abrazada al pijamade rayas verdes que más de uno conocéis, y no por clarividencia.Pasadas las tres, como decía Agobiado por el tumulto de pensamientos que en mi noche habíaConmigo, "enmígo", a mi lado... decidí arriesgar mi mañana de mañanaY levantarme a escribir esto.Suicidé primero mi pie diestro,pues yo duermo en en la siniestra de mi lecho de amor y sueños,y salió desnudo de entre las sábanas, lánguido, febril, casi a ritmo de paso de Semana Santa con un "¡ui!" que me dió hasta lástima.Una vez concluído el luto por el pie, con la determinación de Job, eqilibré mi torso, mi cabeza y mi centro hasta que: Uno, dos, uno, dos, uno dos...Me puse en algo parecido a eso que llamamos "derecho".Encendí un Luchy Strike en la cocina... Y entonces me hablé muy tierno, muy tierno, casi con acento francés.Me quiero -empecé diciéndo-, no lo puedo evitar. Deseo hacerme el amor en esta noche extraña, y tan negra para aquellos que mañana el lunes signifique eso: Lunes.Me quiero- continué reafirmándome frente a la luna de mi armario- y lo curioso es que hace mucho tiempo que estoy junto a mí... pensé extrañado. ¿Será porque todavía no me conozco del todo que continúa embrujándome mi reflejo en el espejo? ¡Sin duda! -afirmé con una medio sonrisa- el secreto está precisamente en eso, en el secreto. Pero decidí no caer en el "ennui" del sopor y me puse a calentar un vaso de leche en el micro.¡Pero es que yo me quiero tanto, tanto! -me dije. Y de repente me vi envuelto en un abrazo cálido, de esos que sólo te da tu madre cuando eres muy niño o algún amante en los primeros días de noviazgo fugaz. -Oh!, pero, déjate de eso ahora.- dije yo- ¿Acaso no ves que no puedo dormir?.-¿Qué te ocurre?- me pregunté.-No sé. Estoy como algo intranquilo.-¿Y eso?¡Plinnnnn! (la campanilla del microondas) Di un suspiro y no contesté.-Es la primavera- afirmé con un irritante tono pedagógico.- Yo, sin embargo, ya ves: Tan ricamente. He visto que me levantaba y no he sabido quedarme sólo en la cama. Tú te ríes cuando me digo que me quiero, pero es cierto. Cuando no puedes pasar un minuto sin estar a tu lado entonces significa que estás enamorado, ¿no?. Me dejé hablar porque necesitaba oir una voz tranquilizadora.- Claro que sí. No lo dudes. Yo me quiero, porque me quiero. Sin razón, sin mirar defectos. Conozco mis debilidades y es cierto que a veces me enfado conmigo porque no llego a las metas que me propongo, pero a pesar de eso sigo a mi lado. Somos la pareja perfecta. Jamás me dejaré. Estuve conmigo en los momentos malos, en los "chungos" como dices yo. Y también en los mejores. Todos, todos: sin faltar a uno. Y...¿Sabes una cosa?... pues que no me canso de vivirlos conmigo. -¿De verdad? -me pregunté con voz melosa.-¡Pues claro que sí! Fíjate ahora, solos yo y yo en la cocina. Y no te preocupes porque me tenga que lavar los dientes otra vez después del vaso de leche. ¡Una y cien veces! Ni tampoco porque mañana quiera levantarme temprano para estudiar. Estoy a tu lado con gusto. Sin importarme nada lo demás. Me ha costado mucho encontrarme, ¿sabes?. Eres lo mejor que tengo y jamás, jamás lo perderé. Te quiero, Juli. Con todo mi cuerpo y mi corazón imperfecto. Te quiero aunque no dejes de fumar. Te quiero aunque te levantes de madrugada a escribir. Te quiero desde siempre: Desde el primer día en que me vi, como hoy, con cara de niño, traviesa y triste a ratos. Quizá sea un defecto el quererte tanto, pero eres el único defecto que tengo.Y así concluyó mi insomnio. Volví a mi cama y me abracé en la noche quieta, fresca y chispeante con la enorme satisfacción de saber que yo, sí, sí, que yo me amaba.
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martes, 19 de junio de 2007
Skerryvore: Latitude 56° 19.4’N
Pero lo más remarcable de Bournemouth era su tranquilidad. Cuando a las cinco de la tarde el viento soplaba sobre mar y traía la niebla a The Hill (la parte más alta de la ciudad) se podían escuchar con toda claridad los tintineos de miles de cucharillas removiendo el té de las tazas de los jubilados: Una melodía de alpaca y aluminio con algún trino de plata.
En Bournemouth sufrí los primeros meses el mal de la soledad. No conocía a nadie, y era incapaz de iniciar cualquier tipo de relación porque no hablaba casi nada de inglés.
Pude volverme loco, pero me salvó el que me dedicara a ocupar mi tiempo en descubrir la ciudad a través de su historia. Sabía que el Destino me había llevado allí por alguna razón así que supongo que decidí soltarme. Con paraguas y plano en mano recorrí todas las calles y caminos de la ciudad y descubrí lugares y personajes que me han acompañado desde entonces hasta formar parte de mí mismo, de mi propia historia. Como Chang Wu Gow, (1840s - 1893) , un gigante chino que había muerto en Bournemouth, a donde se había retirado, después de pasarse media vida trabajando en un circo y haber conocido a todos los reyes y emperadores de su época. Otros de los personajes que también me acompañaron fueron Mery Schelley, la creadora de Frankenstein y Thomas Hardy, el poeta. Pasé muchas tardes leyendo en un banco, al lado de la tumba de la primera, y fui en busca del perfume de las lilas de Bournemouth que Thomas Hardy describe tan maravillosamente en su libro "La Mano de Adalberta".
Muy cerca de donde yo tenía mi habitación había vivido durante unos años Robert Louis Stevenson (La Isla del Tesoro) en una casa a la que el escritor había bautizado como Skerryvore. En ese lugar Stevenson había acabado Doctor Jeckil y Mr. Hide. El nombre de Skerryvore me causó mucha curiosidad: la misma que provoca a todo aquél que lo oye por primera vez, supongo, y decidí saber si tenía algún significado.
Lo tenía: era el nombre de un faro que había construido Allan Stevenson, en Escocia. Este Allan no era otro que el abuelo de Robert Louis. "Así pues, la residencia del escritor llevaba el nombre de un faro escocés...". Pensaba esto cuando dos personas se acercaron lo suficientemente a mi como para poder escuchar su conversación y entonces me di cuenta de que era capaz de entender casi todo lo que decían. El idioma había penetrado lo suficiente en mi cerebro y ya podía encadenar palabras y hacer frases con las que podía, más o menos, expresar lo que yo quería decir. Entonces dejé de lado la soledad y los paseos al cementerio (he retomado esas amistades muchas veces, después de aquellos días), pero todas aquellas historias se hicieron viejas en mi experiencia personal y como eran frágiles las tomé mucho cariño, porque habían sido las únicas compañeras de mi soledad, me habían distraído, interesado y librado de la locura.
Así que adopté el nombre para no olvidarlo nunca.
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domingo, 17 de junio de 2007
Ian, the brazilian boy.
Los juramentos están hechos para romperse. Un juramento trae consigo un secreto, un pacto entre dos, aunque sea con uno mismo. Generalmente se jura por algo, sobre algo o en nombre de algo y siempre acostumbra a ser algo que se valora sumamente.
No creo que haya nada más sagrado para un buen hijo que su madre. Jurar por ella es temerse lo peor si se quiebra el juramento. Cuando la madre está muerta el valor del juramento no decrece, al contrario: aumenta considerablemente. Una madre muerta es mucho más sagrada que una viva por el simple hecho de que ya no puede causar decepción alguna que tiente a romper el pacto. Los ojos de la madre muerta vigilan en los portaretratos... Te veo!
Por eso no puedo romper el juramento que le hice a Ian hace unas horas.
Supongo que yo también fui así, sentí así. Supongo que yo también fui él. Nos repetimos en los demás, si tenemos memoria y cierta sensibilidad. Y me alegro de haberme encontrado esta noche con Ian porque ha sido como darme de bruces con una parte de mi de hace muchos años.
Ver, comprender, sentir, recordar...Un sentimiento de culpa menos, una redención para mi alma: un descuento en el precio del billete de ida al Paraíso.
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sábado, 16 de junio de 2007
El Doctor Muerte
Tengo que visitar a mi médico, el doctor E.
Él no te mira, sólo habla, y sabes que es él quien te habla porque vibran los pelos de su bigote. Hay que fijarse mucho pero si estás atento puedes ver cómo cada trece segundos, matemáticamente, un ligero vientecillo altera la correcta posición de los flecos de su moustache.
Aunque es mejor así, que no te mire. La última vez que vi sus ojos me mandó a la báscula.
-Vaya y péselo- ordenó a la enfermera-. Verá -comenzó diciéndole a mi esposa-, cuando enviamos a la báscula a un paciente que viene a la consulta de un encólogo es para poner al día a la familia de cuando y como va a... Existe la posibilidad de operarle, claro, pero la cosa está muy avanzada. Que no fume, todavía le podemos extirpar un pulmón, quizá un riñón. ¡Oh, vamos, fortaleza señora, se puede vivir con un sólo riñón! ¡Ojalá fuera sólo eso! La quimioterapia le hará trizas, seguro, pero vale la pena intentarlo. Déle estas si sufre, o si sangra. Si sangra lo hará por todos los orificios de su cuerpo, no se asuste, eso es de lo más normal en estos casos. En realidad sus entrañas son parecidas a... ¿cómo le diría?, a una magdalena mojada en el café-.
Parece ser que el doctor estaba releyendo a Proust últimamente.
-Hay que tener cuidado con los desprendimientos- continuó diciendo-. Será rápido, a lo sumo seis meses, pero no llore por favor y ¡ánimo, que ya queda poco! En el hospital tenemos un grupo de apoyo, hay mucha gente como ustedes, no son los únicos que pasan por esto. Ahora hay que centrarse en la calidad de vida de su marido. No tendrá mucha, claro: los dolores serán espantosos. ("Espantosos" cae exactamente en el segundo 13).
Ruido de nudillos contra la puerta, detrás aparecen la enfermera y el enfermo. -Ya estamos aquí, doctor.
- ¿Y bien?
- 65 kilos 300, doctor.
- Mmm, excelente, excelente ¿no es así?
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